EDIMBURGO 2010. LLAMAMIENTO COMÚN

Reunidos para celebrar el Centenario de la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo 1910, creemos que la Iglesia, como signo y símbolo del Reino de Dios, está llamada a dar testimonio de Cristo hoy, participando en la misión de amor de Dios por la fuerza transformadora del Espíritu Santo.

  1. Confiando en el Dios uno y Trino y con un renovado sentido de urgencia, somos llamados a encarnar y proclamar la buena noticia de la salvación, del perdón de los pecados, de la vida en abundancia y de la liberación para todos los pobres y oprimidos. Somos interpelados al testimonio y a la evangelización de tal manera que mostremos con nuestra vida el amor, la rectitud y la justicia que Dios quiere para el mundo entero.
  2. Recordando el sacrificio de Cristo en la cruz y su resurrección para la salvación del mundo, e impulsados por el Espíritu Santo, estamos llamados al diálogo auténtico, al compromiso respetuoso y al testimonio humilde de la singularidad de Cristo entre las personas de otras religiones –y entre quienes no se confiesan creyentes. Nuestra actitud está marcada por la confianza audaz en el mensaje del evangelio que crea amistad, busca la reconciliación y practica la hospitalidad.
  3. Conscientes de que el Espíritu Santo sopla sobre el mundo como quiere, reuniendo a la creación y generando una vida auténtica, estamos llamados a ser comunidades de compasión y de sanación, donde los jóvenes participen activamente en la misión, y mujeres y hombres compartan de manera justa el poder y las responsabilidades, donde haya un nuevo afán por la justicia, la paz y la protección del medio ambiente, y donde una liturgia renovada refleje la belleza del Creador y de la creación.
  4. Preocupados por las asimetrías y los desequilibrios de poder que nos dividen y perturban en la iglesia y en el mundo, estamos llamados al arrepentimiento, a la reflexión crítica sobre los sistemas de poder y al uso responsable de las estructuras de poder. Estamos llamados a encontrar formas prácticas de vivir como miembros de un mismo Cuerpo, con plena conciencia de que Dios resiste a los soberbios, Cristo acoge y fortalece a los pobres y afligidos, y el poder del Espíritu Santo se manifiesta en nuestra vulnerabilidad.
  5. Afirmando la importancia de los fundamentos bíblicos de nuestro compromiso misionero y valorando el testimonio de los apóstoles y de los mártires, somos llamados a alegrarnos en las expresiones del Evangelio en muchas naciones del mundo. Celebramos la renovación experimentada a través de los movimientos migratorios y la misión en todas las direcciones, la forma en que todos están preparados para la misión con los dones del Espíritu Santo, y el llamamiento continuo de Dios a los niños y a los jóvenes a diseminar el evangelio.
  6. Reconociendo la necesidad de formar una nueva generación de líderes que vivan con autenticidad la misión en un mundo de diversidades en el siglo XXI, estamos llamados a trabajar juntos en nuevas formas de educación teológica. Puesto que todos somos hechos a imagen de Dios, éstas se basarán en los carismas propios de cada uno, nos interpelarán mutuamente a crecer en la fe y en la comprensión, compartirán recursos de manera equitativa en todo el mundo, involucrarán a toda la persona y a toda la familia de Dios, y respetarán la sabiduría de nuestros mayores al tiempo que fomentarán la participación de los niños.
  7. Oyendo el llamamiento de Jesús a hacer discípulos de todas las personas –pobres, ricos, marginados, ignorados, poderosos, discapacitados, jóvenes y ancianos– somos llamados como comunidades de fe a la misión de todas partes a todas partes. Sentimos con gozo el llamamiento a recibir los unos de los otros en nuestro testimonio de palabra y de obra en las calles, en el campo, en las oficinas, los hogares y las escuelas, ofreciendo reconciliación, mostrando amor, irradiando la gracia y diciendo la verdad.
  8. Recordando a Cristo, el anfitrión del banquete, y comprometidos con la unidad por la que él vivió y oró, somos llamados a una constante cooperación, a hacer frente a las cuestiones controvertidas y a avanzar hacia una visión común. Somos interpelados a acogernos mutuamente en nuestra diversidad, afirmar nuestra pertenencia al único Cuerpo de Cristo a través del bautismo, y reconocer nuestra necesidad de reciprocidad, cooperación, colaboración y trabajo en red en la misión, para que el mundo crea.
  9. Recordando la manera de actuar de Jesús en el testimonio y el servicio, creemos que estamos llamados por Dios para seguir este camino alegres, inspirados, ungidos, enviados y fortalecidos por el Espíritu Santo, y nutridos por las prácticas de vida cristiana en la comunidad. Mientras esperamos la venida de Cristo en la gloria y el juicio, experimentamos su presencia entre nosotros en el Espíritu Santo e invitamos a todos a unirse a nosotros y participar en la misión transformadora y reconciliadora de Dios, misión de amor a toda la creación.

Edimburgo, 6 de junio de 2010